PARÁBOLAS PARA LÍDERES PDF Imprimir Correo electrónico

 

 

 

PARÁBOLA No 001



 

LA TORTUGA Y LA LIEBRE


 

 

 

 

 

 1. Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para dirimir el conflicto de opiniones, decidieron correr una carrera.

 

 

Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre largó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante un buen rato. Luego, al ver que había sacado muchísima ventaja, decidió sentarse debajo de un árbol para descansar unos momentos, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se quedó dormida. La tortuga, que andaba con paso lento pero constante, la alcanzó, la superó y terminó en punta, declarándose ganadora indiscutible de la carrera.

 

Moraleja:

 

"Los lentos pero constantes y perseverantes, también ganan la carrera."

 

 

2. Pero la historia no terminó aquí, sino que prosigue...

 

 

La liebre, decepcionada por haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció su grave error de subestimar a la tortuga. Se dio cuenta que por presumida y descuidada había perdido la carrera. Si no hubiese subestimado a su oponente, nunca la hubiera podido vencer. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez, la liebre corrió sin descanso desde el principio hasta el fin y su triunfo fue contundente.

 

Moraleja:

"Los rápidos y tenaces vencen a los constantes y perseverantes."

 

 

3. Pero la historia tampoco termina aquí...

 

 

Después de ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. De la manera como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr por una ruta distinta a la anterior. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. La liebre no sabía nadar, y mientras se preguntaba "¿Qué hago ahora...?", la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso lento pero constante y terminó la carrera en primer lugar.

 

Moraleja:

Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan de primeros.

 

 

4. Pero la historia tampoco termina aquí...

 

 

Pasó el tiempo, y tanto compartieron la liebre y la tortuga que terminaron haciéndose amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río a nado con la liebre sobre su caparazón, y ya en la orilla de enfrente la liebre cargó de nuevo a la tortuga hasta llegar a la meta.

Como alcanzaron la línea de llegada en tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que la que habían experimentado en sus logros individuales.

 

Moraleja:

 

Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales. Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las capacidades de cada uno, no seremos completamente efectivos.

 

 

REFLEXIÓN FINAL:

 

Es importante advertir que ni la liebre ni la tortuga abandonaron la carrera. La liebre evaluó su desempeño, reconoció sus errores y decidió poner más empeño después de su fracaso. Por su parte la tortuga, al notar que la velocidad era su mayor debilidad, decidió cambiar su estrategia y aprovechar su fortaleza como nadadora, en un nuevo recorrido. Después de varias contiendas, la tortuga y la liebre descubrieron que unidas lograban mejores resultados.

 

La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital:

 

Cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, no solo complementamos capacidades, compensamos debilidades, potenciamos nuestros recursos... sino que también obtenemos mejores resultados!

 

Todos tenemos carreras por delante, y hay muchas maneras de ganarlas. Hay muchas liebres, muchas tortugas... y muchas metas que alcanzar!

 

 

Finalmente:

 

 

"No se reúna con un grupo fácil; no le harán crecer.

 

Vaya donde sean muy altas las exigencias y las expectativas de desempeño".

 

 

“NADIE ES MEJOR QUE TODOS JUNTOS”

 

 

 

 

 

 

 

PARÁBOLA No 002

 

 

 

LA PARÁBOLA DE PINOCHO

 

 

 

 
 
 
 

El cuento de Pinocho es la historia del alma humana en su viaje de evolución espiritual a través de la adquisición de una serie de elementos de valores en su conciencia.

 

Pinocho es creado bajo la influencia de dos personajes, uno masculino y otro femenino (que simbolizan los dos aspectos de la naturaleza humana).

 

 

LA CONFIANZA EN UNO MISMO es el  punto de partida para la creación en la conciencia  de la disponibilidad para comprender que es a él mismo el que le corresponde la construcción del concepto de ética y moral.

 

Similar a la creación de PINOCHO se intuye el proceso que se ha de seguir hacia la evolución de la conciencia y es el tener confianza en la inteligencia lo que permite al individuo ser mejor de lo que es ahora por lo cual el tener confianza en el  instinto permite abrir las puertas para apreciar lo que se tiene.

 

Pinocho es tallado por el carpintero Geppetto, y el Hada Azul le da vida,  lo despierta (Estar vivo es darse cuenta, asumir la conciencia). 

 

Al mismo tiempo, el Hada elige a un grillo llamado Pepito y le encomienda una misión: permanecer junto a
Pinocho y ser su conciencia (Esto significa que  cada ser tiene a su lado la conciencia de la verdad, “EL ÁNGEL” que lo acompaña siempre dentro de sí mismo).

 

“Tener conciencia, saber vivir y vivir humanamente bien, fijarnos en si lo que hacemos corresponde a lo que verdaderamente queremos o no”.

 

No hay nada peor que darse cuenta de que se está actuando mal; decir siempre la verdad y enfrentar las consecuencias de nuestros actos, es tener conciencia ética y moral.

 

Cuando somos libres para decidir y sabemos que las decisiones que tomamos no van en contra nuestra ni en contra de los demás no tenemos porque sentir culpa, ni remordimiento, ni vergüenza de nosotros mismos, siempre y cuando nuestra conciencia esté limpia; y para ello tenemos que aprender a vivir, aprender de los errores que se cometen para no repetirlos, para no hacer un daño irreparable en su alma.

 

Hay que tomarse en serio la libertad, es decir, ser responsable, nunca engañarse a sí mismo; se le puede mentir a todo el mundo si se quiere, pero a nosotros mismos nunca, y vivir con la carga de la mentira, es vivir condenados a nuestros propios inventos, que tarde o temprano la vida nos cobrara.

 

La responsabilidad es saber que cada uno de mis actos me va construyendo, me va inventando y va dejando huellas en mí, huellas que no se borran y que me van guiando por el camino del bien o del mal; las cargas que llevamos acuestas no son mas que producto de la desobediencia, de no atender a nuestro corazón, de no saber encontrar un equilibrio entre nuestros sentimientos y nuestra razón. “no todo puede ser razón, no todo puede ser emoción”.

 

Por lo tanto, el principio fundamental de la ÉTICA es: “No hagas a otros lo que no te gustaría te hicieran a ti”.

 

El mayor deseo de Geppetto es que Pinocho llegue a ser un niño de verdad. Y sabe que su deseo sólo puede hacerse realidad si Pinocho aprende y crece, por lo que lo envía a la escuela, (nuestro desenvolvimiento es un proceso de aprendizaje y mejoramiento permanente).

 

Todas las personas atribuyen su verdad de una manera diferente, de acuerdo a sus vivencias y experiencias tanto familiares como académicas, por lo cual  no todos estamos de acuerdo con la forma de actuar o de comportarse de otras personas ya que nuestra vida es el resultado de lo que cada uno decida que hacer con ella. 

 

En esta vida todos tenemos una misión que cumplir, lo único que tenemos que hacer es hacer lo que nos corresponde y hacerlo bien.

 

Todos somos libres para actuar, para decir SI o NO a las cosas y a las circunstancias que nos rodea, no estamos obligados a querer hacer una sola cosa,  mas no somos libres de elegir nuestras circunstancias (haber nacido, escoger los padres que nos tocaron, parecer una enfermedad), pero si somos libres para responder frente a éstas  de acuerdo a nuestra actitud para enfrentar la vida; somos libres para intentarlo de nuevo sin obtener siempre el mejor resultado, caerse para levantarse; esta en cada uno de nosotros ver en el error una oportunidad para mejorar, para resarcir el daño causado, o para cambiar aquello que tanto daño nos hace, o si se es mas humilde  pedir ayuda o decir a tiempo  me equivoque.

 

Pinocho sale por la puerta principal conducido por su padre, y lo hace cargado de propósitos, con el anhelo profundo de convertirse en algo superior: en un niño de verdad. Pero cuando sale al mundo surgen los problemas.

 

Haciendo uso de su libertad recién descubierta, Pinocho toma algunas decisiones equivocadas, y sucumbe ante la tentación del orgullo, a pesar de las protestas de Pepito Grillo (Su código de valores – su conciencia).

 

Tenemos libre albedrío para hacer las cosas que queramos y cuanto mayor sea nuestra capacidad de acción mejores resultados tendremos.

 

Pero hay cosas que limitan nuestra libertad, empezando porque no somos concientes de que somos libres, nuestra forma de actuar nos hace ignorantes e impotentes para asumir responsabilidades, siempre preferimos el camino fácil, esperar a que otros actúen y hagan todo por mí, es decir, nos adherimos a otros códigos.

 

Debemos fijarnos bien en lo que hacemos y procurarnos un cierto saber que nos permita ser asertivos, que nos permita saber vivir y a esto es a lo que llamamos ETICA; como lo vemos en la parábola de PINOCHO, este sigue a personajes que no le conviene y lo alejan del camino del bien.

 

Sigue a Juan el Honrado y se une a una compañía de circo (La característica fundamental del alma es el libre albedrío: podamos en cada momento elegir nuestro destino).

 

En su representación teatral Pinocho recibe grandes aplausos, y está muy contento, pero después de la actuación lo encierran en una jaula (El dejarnos llevar por el orgullo, por el "EGO", puede darnos placer, pero a la larga siempre produce dolor, porque esclaviza el alma a través del APEGO).

 

El Hada Azul acude junto a él, preguntándole la causa de su encierro, y Pinocho intenta justificarse ante ella diciendo mentiras; pero con cada mentira que dice le crece la nariz.

 

Entonces... Pinocho descubre que el mal no puede ocultarse, y reconoce sus errores con honestidad, arrepintiéndose de ellos (lo mismo ocurre con nosotros; mientras nos auto justificamos y no reconocemos nuestros errores  ante nosotros mismos, no podemos aprender, por eso solo la verdad nos libera).

 

Entre los saberes hay uno imprescindible; existen algunas cosas que nos convienen y otras no, como ciertas actitudes y comportamientos que dañan nuestra vida y la vida de que quienes más amamos; Saber distinguir entre lo bueno y lo malo marca una diferencia en nuestras vidas como seres humanos, como por ejemplo mentir, destruye la confianza que otros han depositado en mi, nos trae enemistades y nos aleja de la compañía de otras personas, nos volvemos seres no confiables.

 

El Hada entonces le libera y recibe otra oportunidad.

 

Pepito Grillo está decidido a ayudar a Pinocho a no salirse del buen camino, pero tardan poco en presentarse nuevas tentaciones.

 

Las personas tenemos ciertos tipos de motivos que nos inducen a algo, como las ordenes, costumbres o caprichos; Cada uno de ellos quía la conducta en diferentes direcciones, cada tipo de motivo tiene su propio peso; siempre hay que tratar de encontrar la mejor forma de hacer las cosas sin perjudicar a nadie, sin caer en tentaciones.

 

Los principios de la moral son:

 

·        El filosófico: Hacer el bien por respeto a la ley.

·        El religioso: Hacer el bien por amor a Dios.

·        El humano: Hacer el bien por amor propio.

·        El político: Hacer el bien por amor a la sociedad.

 

Hemos de preocuparnos por vivir estos años satisfactoriamente y vivirlos plenamente a partir de estos principios; sin embargo, no es fácil mantenerse en el camino...No es fácil cambiar, cuando el corazón esta lleno de resentimiento, o cuando lo hemos llenado de sinsabores que no nos permiten ver las cosas maravillosas que nos rodean.

 

 

Vuelve a aparecer Juan el Honrado, que le invita a la Isla del Placer, un lugar donde los niños pueden divertirse todo el día y satisfacer todos sus deseos.

Pinocho no puede resistir la atracción de viajar a la Isla y se une al grupo (Nuestra gran tentación es no tener que esforzarnos, recibirlo todo a cambio de nada).

 

Y ocurre que cuando Pinocho y los demás niños llevan en la Isla demasiado tiempo, empiezan a convertirse en burros y a olvidarse incluso de hablar (Lo mismo pasa con el ser humano, cuando se embrutece por la indiferencia y la satisfacción permanente del deseo; se olvida quién es y  cuál es su misión).

 

En nuestro libre albedrío tenemos que darnos cuenta de que somos libres, pero también darnos cuenta de cuales son las consecuencias de mis decisiones, pensar dos veces antes de actuar.

 

No se tiene que cumplir por cumplir, tan solo por una orden que se nos impone, por costumbre o por capricho, se trata mas bien de profundizar en el porque pasan las cosas, por que me comporto de una u otra manera, y en este caso la moral tiene que ver con las costumbres y las ordenes, pero también hay costumbres que pueden ser inmorales; dejarse llevar por otros es fácil, y cuando no sabemos para donde vamos cualquier camino nos sirve, y es por ello que los valores inculcados en casa, el amor de nuestros padres marca la diferencia en nuestras vidas, y escoger un buen camino y sembrarlo de espinas o de flores depende de cada uno.

 

La moral es entonces, la reflexión sobre lo que consideramos válido, son los comportamientos que asumimos frente a nuestras propias creencias.

 

El principio de lo que es bueno y malo para el hombre, es el único criterio de valor ético  que le ofrece bienestar al hombre; por fortuna podemos darnos cuenta a tiempo y redefinir nuestro camino...

 

Pero Pinocho se da cuenta a tiempo.

Cuando descubre que les están saliendo orejas y rabo de burro, se dirige a Pepito Grillo para pedirle ayuda. Esto le salva, porque Pepito Grillo sabe cómo puede escaparse de la Isla.

 

Tenemos  que aprender a disfrutar los placeres que nos da la vida, el tiempo no perdona, hay que disfrutar los momentos que se tienen en el presente, hay que saber disfrutar de lo que nos rodea, mas no echarse a la perdición de los placeres; la vida se nos va como el agua entre las manos, sin darnos cuenta abandonamos la niñez, la juventud, llegamos a viejos y no nos damos cuenta si vivimos realmente, si dimos lo mejor de nosotros y si le aportamos algo positivo a la humanidad, o si nuestros hijos nos recordaran con amor o desamor.

 

La mayor gratificación que puede darnos la vida es sentir alegría, la alegría es un SÍ  a lo que somos y a lo que sentimos; el placer es maravilloso cuando lo ponemos al servicio de la alegría; la alegría ética nos libera de los placeres mundanos que esclavizan el espíritu. Por eso es que cuando estamos libres del apego por los placeres podemos iniciar la búsqueda de nuevos ideales...

 

En cuanto están libres empiezan a buscar a Geppetto. Pero vuelven a su casa y descubren que ha desaparecido; ha ido a buscar a Pinocho (Esta imagen tiene una importancia fundamental, pues nos da a entender que no sólo buscamos nosotros los valores,  sino que estos principios universales nos buscan a nosotros).

 

Pinocho recibe indicaciones sobre el paradero de su padre.

Podrá encontrarlo en el fondo del mar, en el vientre de una gran ballena que se tragó la barca de Geppetto (El animal marino es un antiguo símbolo de la reconciliación del espíritu y la materia).

 

El mar es un símbolo del inconsciente. 

Así, el cuento nos dice que encontraremos nuestra inspiración espiritual, nuestra verdadera naturaleza, en nuestro propio yo inconsciente, en el fondo de nosotros mismos.

 

Cuando Pinocho y Pepito Grillo buscan a Geppetto en el mar, los traga la misma ballena.

En el vientre de ésta tiene lugar una alegre reunión de Pinocho con su padre, pero pronto se dan cuenta que deben escaparse para seguir juntos a la luz del día y en tierra firme.

 

(Dicho de otro modo, nuestro viaje espiritual no termina cuando empezamos a reencontrarnos con nuestras profundidades espirituales en nuestros sueños, en nuestras oraciones, o en nuestras meditaciones.

 

El paso siguiente es llevar este estado superior de la conciencia a la vida diaria, y eso suele ser lo más difícil).

En el cuento, Pinocho tiene un plan. Se le ocurre un modo de escapar, que requiere mucha fuerza y valor, y lo consigue.

 

El lema fundamental de la ética es: “HAZ SIEMPRE LO QUE QUIERAS”, pero esto no es tan sencillo, pues hay que dejarse de tantas órdenes y costumbres.  No hay que preguntarle a nadie que debo hacer con mi vida y que decisiones debo tomar, esto es algo que viene desde el interior de la persona.

 

En la vida hay que saber establecer prioridades, y saber preciso que es lo que se quiere y la forma de vivir mejor, abandonar la esclavitud al miedo y al rechazo; nuestra intuición nos guía, nuestros valores nos protegen.

 

 Relacionarnos con los demás es la mejor forma de  comunicarnos con nosotros mismos, al reconocernos como humanos nos respetamos  y respetamos a los demás, mirar al otro a lo ojos, sonreír, se amable, atento, escucharlo, sentirlo, es hacerle saber que estamos ahí para el, es darle el reconocimiento como persona.

 

El hombre libre se relaciona con otros empaticamente. La máxima expresión de la ética es el sacrificio por los principios, el dar la vida por el código de honor, tal como lo vemos en el SAMURAI un guerrero Japonés que es capaz de dar la vida por el BUSHIDO (CÓDIGO DE ÉTICA).

 

Es el caso de nuestro PINOCHO quien cuando está en medio del mar, Geppetto parece que se va ahogar y Pinocho se sacrifica para salvarle (Y esta es precisamente la clave, lo que le va hacer merecedor de ser un niño de verdad; el amor desinteresado.

 

Cuando la necesidad del otro es más importante que la mía, cuando "yo" dejo de ser yo y el centro de mi vida, se abre la puerta que deja paso al milagro).

 

Al volver...  Geppetto en sí en la playa, se encuentra a su lado el cuerpo sin vida de su hijo. Muy afectado, se lo lleva a casa y lo deposita en la cama.

 

Pero la acción de amor del niño, dando su vida por su padre, le ha hecho merecedor de ser un niño de verdad.

 

Este resucita y se cumple así su destino; ser un niño verdadero.

 

Este cuento es el símbolo de nuestro propio viaje de desenvolvimiento espiritual.

 

Lo importante es saber como vivir bien la vida, aceptar a los demás con sus circunstancias aunque las personas tengan comportamientos censurables, siempre debemos mirarlas como personas.

 

Cuando una persona es feliz consigo misma, más alegre se sentirá y menos ganas se sentirá de ser malo.

 

Tratar de comprender a los demás, es ponerme en su lugar, eso implica la posibilidad de comprenderle desde adentro, de comprender su punto de vista.

 

Ser humano es tener conciencia de humanidad, tener conciencia de que ha pesar de las diferencias de las personas estoy en cada uno de mis semejantes; se trata de tener en cuenta sus derechos y  razones; ponerse en lugar del otro es tomarlo en serio, suavizar sus penas, hacer desaparecer la tristeza y devolverle la alegría y el placer de vivir.

 

El significado de la vida es que seguimos el proceso de reconocer nuestra verdadera naturaleza en Dios. Conscientes y cocreadores.

 

Toda la clave para ello es el amor, la ofrenda desinteresada, que significa a su vez la renuncia al "yo" personal y egoísta.

 

El propósito de la vida que compartimos todos los hombres es manifestar en lo finito lo infinito, llevar lo divino a lo humano, dar expresión individual a nuestras cualidades espirituales.

 

Somos tan superficiales que creemos que la vida solo se compone de riquezas materiales, de tener dinero, poder, reconocimiento; olvidándonos de lo esencial que es el amor, el afecto y la familia; haciéndonos esclavos hasta quedarnos completamente solos.

 

Haciéndonos daño a nosotros mismos, y a otros, pero como dice el dicho, nadie puede dar de lo que no tiene...

 

Hay cosas que son necesarias para vivir, pero que no dan felicidad a nuestra alma, cuando tratamos a la gente como cosas, no conseguimos más que indiferencia, enemistad, y des amor.

 

Para Antonie de Saint – Exupery (1943) No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos. Las cosas importantes se ven mas allá de los ojos, pero parece que la oscuridad de nuestra alma no las viera; debemos aprender a vivir humanamente, a no vivir de cualquier modo, en tratar de comprender los comportamientos que me convienen, comprender de que se trata la vida y como es mejor vivirla, si llena de cosas o llena de amor,  y esa decisión es solo mía; nadie la puede tomar por mí.

 

La ética no solo mejora al individuo; mejora la sociedad en general, puesto que es la expresión del conjunto desde la individualidad.

 

Los hombres están más íntimos y fuertemente unidos por la voluntad de hacerse el bien y por los vínculos del corazón que por las palabras y los pactos, la confianza es la piedra angular de la relación interpersonal que a su vez construye la comunidad.

Como conclusión podemos afirmar que existen cuatro pasos para asumir éticamente la existencia, con excelencia y logros en todas las dimensiones humanas: el bien ser, el bien hacer, el bien estar y el bien tener.

 

Primero, el bien ser”, es decir, ser honestos, puntuales,  disciplinados, respetuosos, si algo no es nuestro es que pertenece a alguien. Segundo, el “bien hacer”, haz las cosas bien.  Las personas que son  un “bien ser” y dan a la familia y a su trabajo más de lo que recibieron, llegarán al tercer paso “al “bien estar”. Y quienes siguen estos tres pasos, en este orden, tarde o temprano llegarán a lograr un bien tener”...

 

 

 

PARÁBOLA No 003



 

EL SONIDO DEL BOSQUE

 


 

 
 
 
 

Cerca del final del tercer siglo Antes de Cristo, el rey Ts’ao envió a su hijo, el príncipe T’ai, al templo a estudiar con el gran maestro Pan Ku. Porque el príncipe T’ai sería el que sucedería a su padre como rey. Pan Ku sería quien le enseñaría las bases para ser un buen gobernante. Cuando el príncipe llegó al templo, el maestro lo envió solo al bosque Ming-Li. Después de un año el príncipe tenía que regresar al templo para describir los sonidos del bosque.

 

Cuando el príncipe T’ai regresó, Pan Ku pidió al niño que describiera todo lo que el había podido escuchar. “Maestro”, replicó el príncipe, “yo he podido escuchar el canto de los búhos, el susurro de las hojas, el vuelo de los insectos, el canto de los grillos, el toque del pasto, el zumbido de las abejas y el murmullo del viento”.

 

Al concluir el príncipe su relato, el maestro le pidió que regresara al bosque a escuchar más allá de lo que ya había escuchado. El príncipe estaba desconcertado por lo que le pidió el maestro. ¿No habría escuchado cada sonido realmente?

 

Día y noche, el joven príncipe permaneció sentado solo en el bosque, escuchando. Pero no percibió otros sonidos que los que antes había oído. Entonces, una mañana, cuando el príncipe estaba sentado en silencio bajo los árboles, empezó a discernir ligeros sonidos diferentes de aquellos ya escuchados. El agudizó su oído y los sonidos comenzaron a ser más claros. En ese momento tuvo una sensación de lucidez que lo envolvía.

 

“Estos deben ser los sonidos que el maestro quería que yo escuchara”, reflexionó.

 

Cuando el príncipe T’ai regresó al templo, el maestro le preguntó qué más había escuchado. “Maestro”, respondió el príncipe reverentemente, “cuando yo escuche más de cerca, escuché lo no escuchado: el sonido de las flores cuando abren, el sonido del sol calentando la tierra y el sonido del pasto cuando prueba el rocío de la mañana”.

 

El maestro aprobó con la cabeza. “Escuchar lo no escuchado”, remarcó Pan Ku, “es una disciplina necesaria para ser un buen gobernante. Solo cuando un gobernante ha aprendido a escuchar con atención el corazón de las personas, a escuchar sus sentimientos no comunicados, el dolor no expresado, y demandas no habladas, puede él esperar inspirar confianza en su gente. Entender cuando algo está mal, y encontrar las verdaderas necesidades de sus ciudadanos. La caída de los gobiernos sobreviene cuando los líderes solo escuchan palabras superficiales y no penetran profundamente en el alma de las personas para escuchar sus verdaderas opiniones, sentimientos y deseos”.

 
 

 

PARÁBOLA No 004



 

EL AGUA Y EL FUEGO

 

 
 
 
 

En el siglo IV antes de Cristo, oculto dentro del estado de Lu, se hallaba el distrito en el que gobernaba el duque Chuang. El distrito, aunque pequeño, había prosperado extraordinariamente en la época del predecesor de Chuang. Pero desde su nombramiento para el puesto, sus asuntos se habían deteriorado notablemente. Sorprendido por el triste giro de los acontecimientos, Chuang fue a la montaña para tratar de conseguir la sabiduría del gran maestro Mu-sun.

 


Cuando el duque llegó a las montañas, encontró al gran maestro sentado tranquilamente en una pequeña roca mirando hacia el valle.

 

Después de que el duque hubo explicado su situación a Mu-sun, esperó con el aliento contenido a que el gran maestro hablara. Sin embargo, contrariamente a lo que Chuang esperaba, el maestro
no susurró ni una palabra. En cambio, sonrió suavemente y con un gesto indicó al duque que le siguiera.

 Anduvieron en silencio hasta encontrar ante ellos el río Tan Fu, cuyo fin no podía verse, de tan largo y ancho que era. Tras meditar sobre el río, Mu-sun se dispuso a encender un fuego. Cuando lo hubo encendido y las llamas estaban fulgurantes, el maestro pidió a Chuang que se sentara a su lado. Estuvieron sentados durante horas interminables mientras la fogata brillaba en la noche. A la llegada del nuevo día, cuando las llamas ya no bailaban, Mu-sun señaló el río.

 

Entonces, por primera vez desde la llegada del duque, el gran maestro habló: "Ahora tú entiendes por qué eres incapaz de hacer lo que hizo tu predecesor: mantener la grandeza de tu distrito".

Chuang le miró perplejo; en realidad no comprendía más que antes. Con gran vergüenza dijo: "Gran maestro, perdona mi ignorancia, pues no puedo comprender la sabiduría que tú impartes". Mu-sun habló entonces por segunda vez: "Reflexiona, Chuang, sobre la naturaleza del fuego que ardió ante nosotros la pasada noche. Era fuerte y poderoso. Sus llamas saltaban como si bailaran y gritaban con orgullo jactancioso. Ni los fuerte árboles ni las bestias salvajes podrían igualar su fuerza. Con facilidad podría haber conquistado todo lo que estuviera en su camino.


"En cambio, piensa en el río. Empieza como una pequeña corriente en las lejanas montañas. Algunas veces fluye lentamente, otras con rapidez, pero siempre se desliza hacia abajo, aceptando las tierras bajas para su recorrido. Gustosamente penetra en todas las grietas del terreno y llena de buena gana todas las hendiduras.

Así de humilde es su naturaleza. Cuando escuchamos el agua, apenas puede oírse. Cuando la tocamos, casi no puede sentirse, pues tan suave es su naturaleza.

"Sin embargo, al final, ¿qué es lo que queda de lo que fue un fuego poderoso? Solamente un puñado de cenizas. Pues el fuego es tan fuerte, Chuang, que no solamente destruye todo lo que encuentra en su camino sino que finalmente cae víctima de su propia fuerza y es consumido. No ocurre lo mismo con el río tranquilo. Tal y como fue siempre, lo es ahora y lo será siempre: fluyendo eternamente, haciéndose más profundo, más ancho, cada vez más poderoso en su viaje hacia el océano insondable, proporcionando vida y sustento para todos".

Tras un momento de silencio, Mu-sun se volvió hacia el duque. "Lo mismo que en la naturaleza, Chuang, así ocurre con los gobernantes. Pues no es el fuego sino el agua lo que lo envuelve todo y es fuente de vida. Por tanto, no son los gobernantes poderosos y autoritarios sino los gobernantes humildes los que con una fuerza interior que llega a lo profundo conquistan los corazones del pueblo y son fuentes de prosperidad para sus estados. Reflexiona, Chuang, -continuó el maestro-, sobre el tipo de gobernante que eres tú. Es posible que la respuesta que buscas se encuentre ahí".

Como si fuera el resplandor del relámpago, la verdad se apoderó del corazón del duque. Ya no se sentía orgulloso sino turbado e inseguro. Miró hacia lo alto con los ojos iluminados. Chuang ya no veía nada salvo el sol que se elevaba sobre el río. 

 
 
 
 

PARÁBOLA No 005



 

EL COMPROMISO DEL GENERAL

 
 
 
 



Nos situamos en el siglo IV antes de Cristo, el período de las disputas feudales entre los grandes principados de China. El gran general Chin estaba sentado en su cámara del palacio real con Meung, el que iba a ser designado pronto general de la tercera división, a su lado.

 

Un mensajero, el teniente Yu, acababa de llegar con un informe sobre la logística de la próxima batalla entre la primera división del general Li y la segunda división del Principado Wei, mandada por el general Su.

 

"Gran general -dijo el teniente Yu- traigo buenas noticias. La primera división disfruta de una importante ventaja.

 

Nuestras tropas superan en número a las de la segunda división en la proporción de cuatro a uno, están bien provistas de armas y los regimientos están bien alimentados. El general Li me envía para
aseguraros que la victoria será nuestra, la bandera Chin ondeará para siempre". Cuando el gran general examinó el informe, su rostro reflejaba que la angustia se había apoderado de él. Cerró los puños y ordenó al teniente Yu que enviara refuerzos y volviera al campo de batalla enseguida.


Después de que el teniente hubo partido a toda prisa, el gran general se dirigió al balcón y miró el horizonte.

"¡Ay!", -dijo a Meung-, de nuevo otra división de nuestro principado caerá derrotada".

Meung estaba perplejo. "Gran general -dijo él-, perdone mi atrevimiento, pero no logro entender por qué está usted tan convencido de eso. La división del general Li cuenta con muchos más hombres y más armas que la división del general Su, y sin embargo, usted está seguro de que la victoria no será nuestra. ¿Cómo puede ser eso?”.

El gran general miró con tristeza a Meung, pero no contestó. Lo que hizo fue llevar a Meung a un gran lago que había detrás del palacio. Cuando el gran general y Meung se sentaron en una roca, el general tiró al agua un pequeño trozo de papel. El papel no se movió sino que simplemente flotó. Tras observar el inmóvil trozo de papel durante un tiempo, Meung se mostró intranquilo y preguntó de nuevo: "Gran general, ¿cuál es el significado de esto? He meditado sobre el papel durante más de una hora y su lección no me ha aclarado nada ni ha proporcionado la respuesta a mi pregunta".

Una vez más, el general no respondió sino que hizo que Meung le siguiera. Pasearon hasta llegar a un arroyo muy estrecho y rumoroso. De nuevo el gran general tiró un trozo de papel al agua. Esta vez el papel no permaneció quieto sino que se desplazó rápidamente y desapareció. El gran general se volvió hacia Meung:

"¿Comprendes ahora por qué la división del General Su triunfará y no la nuestra"'. Meung, todavía perplejo, le pidió al general que se explicara. "Meung -dijo el general-, la primera división, grande y con muchas armas, se parece al lago.

Pero observa la posición del general Li. Supone con tanta arrogancia que va a obtener la victoria que no lucha. Está estacionado en la retaguardia, no ocurre así con el general Su. El está en primera línea, junto a sus tropas, y ha situado la retaguardia de su división junto al río. Su compromiso de morir con el fin de ganar generará a su vez un compromiso de las tropas. Lo mismo que este arroyo rumoroso, que se precipita en una dirección, arrastra el papel fácilmente mientras el lago no lo hace, así la división de pequeño tamaño, pero unificada en el compromiso, vencerá. Recuerda, las armas y los hombres son importantes, pero el compromiso del general es el que determina la victoria".


Cuatro días más tarde, el teniente Yu y sus refuerzos llegaron al lugar de la batalla. La bandera que ondeaba al viento era la de Wei, no la de Chin. La primera división había sido derrotada. 

 

 

 

 

PARÁBOLA No 006



 

LA VERDADERA SABIDURÍA

 

 

 

En la antigua China, en la cima del monte Ping, había un templo en el que habitaba el sabio Hwan. De sus muchos discípulos, solamente conocemos uno, Lao-li. Durante más de veinte años, Lao-li estudió y meditó con el gran maestro Hwan. Aunque Lao-li era uno de los discípulos más brillantes y decididos, no había alcanzado todavía la sabiduría. No poseía la sabiduría de la vida.

Lao-li luchó con- su suerte durante días, noches, meses e incluso años, hasta que una mañana, la caída de una flor de cerezo le habló a su corazón. "Ya no puedo luchar con mi destino -reflexionó-. Lo mismo que la flor del cerezo, debo resignarme airosamente a mi suerte".

 

Desde ese momento, Lao-li decidió retirarse al llano y abandonar su esperanza de lograr la sabiduría.

Lao-li buscó a Hwan para comunicarle su decisión. El maestro se sentó ante una pared blanca, en profunda meditación.

 

Reverentemente, Lao-li se acercó a él. "Maestro -dijo-; pero antes de que pudiera continuar, el maestro habló: "Mañana bajaremos juntos al llano". No era necesario decir nada más. El gran maestro había comprendido.

A la mañana siguiente, antes de descender de la montaña, el maestro contempló la inmensidad que rodeaba la cumbre de la montaña. "Dime, Lao-li -dijo-, ¿qué es lo que ves?". "Maestro, veo el sol que empieza a ocultarse justamente debajo del horizonte, serpenteado por colinas y montañas que siguen durante leguas, y en el valle, un lago y una vieja ciudad". El maestro escuchó la respuesta de Lao-li. Sonrió y luego bajó los primeros peldaños de su largo descenso.

Al cabo de una hora, cuando el sol cruzaba el cielo, ellos proseguían su viaje, y sólo se detuvieron una vez cuando se acercaban al pie de la montaña. De nuevo Hwan le preguntó a Lao-li qué era lo que veía.

 

"Gran maestro, a lo lejos veo unos gallos que corren alrededor de unos pajares, vacas que duermen en frescas praderas, unos viejos que disfrutan del último sol de la tarde y niños retozando junto a un arroyo". El maestro permaneció en silencio y continuó andando hasta que llegaron a la puerta de la ciudad. Allí hizo un gesto a Lao-li y juntos se sentaron bajo un viejo árbol. "¿Qué aprendiste hoy, Lao-li? -preguntó el maestro-.Quizás sea ésa la última lección de sabiduría que te imparta". Lao-li permaneció mudo.

Por fin, tras un largo silencio, el maestro continuó. "El camino hacia la sabiduría es como el viaje desde lo alto de la montaña al llano. Sólo alcanzan la sabiduría quienes se dan cuenta de que lo que uno ve desde la cima de la montaña no es lo que ve desde el llano. Sin esa sabiduría, cerramos nuestras mentes a todo lo que no podemos ver desde nuestra posición y por consiguiente limitamos nuestra capacidad de' madurar y mejorar. Pero con esta sabiduría, Lao-li, llega un despertar. Reconocemos que a solas uno ve solamente hasta cierto punto, lo cual, a decir verdad, no es mucho. Esta es la sabiduría que abre nuestras mentes a la mejora, acaba con nuestros prejuicios y nos enseña a respetar lo que al principio no podemos ver. Nunca olvides esta lección, Lao-li: lo que tú no puedes ver puede verse desde una parte diferente de la montaña".

Cuando el maestro dejó de hablar, Lao-li miró hacia e1 horizonte, y a medida que el sol se ponía, parecía elevarse en su corazón. Lao-li se volvió al maestro, pero el gran sabio se había ido. Así termina el viejo relato chino. Pero se ha dicho que Lao-li volvió a la montaña para vivir el resto de su vida allí, y que llegó a ser un gran sabio.

 

 

 

PARÁBOLA No 007



 

LA HABILIDAD DEL ARTESANO

 

 

 

En el siglo II antes de Cristo, acababa de terminar la guerra que siguió al derrumbamiento de la dinastía Qin.

En su lugar, reinaba la dinastía Han, cuyo emperador, Liu Bang, había consolidado China por primera vezen un imperio unificado. Para conmemorar este acontecimiento, Liu Bang había invitado a funcionarios y militares políticos de alto rango, poetas y maestros a una gran celebración.

 

Entre ellos estaba Chen Cen, el maestro a quien Liu Bang había acudido muchas veces para pedir consejo durante su campaña de unificación de China.

La celebración estaba en pleno apogeo. Aquel banquete era el más espléndido que jamás se había visto.

 

En la mesa del centro se sentaba Liu Bang con sus tres grandes consejeros: Siao He, que administraba la logística de la unificación; Han Xin, que organizaba y dirigía la actividad guerrera; y Chang Yan, que formulaba las estrategias diplomática y política. En otra mesa, se sentaban Chen Cen y sus tres discípulos.

Mientras se servía la comida, se pronunciaron discursos, se entregaron condecoraciones y actuaron unos artistas. Todos miraban con orgullo y alborozo, todos excepto los tres discípulos de Chen Cen, que estaban asombrados. Sólo hacia la mitad de la fiesta pronunciaron sus primeras palabras. "Maestro -observaron-, todo esto es magnífico, todo está muy bien, pero en el corazón de la celebración hay un enigma".

Percibiendo las dudas de sus discípulos, el maestro les alentó gentilmente a continuar.

"En la mesa del centro se sienta Xiao He -prosiguieron ellos-. Su conocimiento de la logística es innegable. Bajo su administración, los soldados siempre han estado bien alimentados y debidamente armados, cualquiera que fuera el terreno. Junto a él está Han Xin. Las tácticas militares de Han Xin son irreprochables. El sabe exactamente dónde acechar al enemigo, cuándo hay que avanzar y cuándo hay que retirarse. Ha ganado todas las batallas que ha dirigido. A continuación de nosotros está Chang Yang. Chang Yang ve la dinámica de la política y de las relaciones diplomáticas en la palma de su mano. Sabe con qué estados hay que formar alianzas, cómo ganarse los favores políticos y cómo conseguir que se rindan los jefes de estado sin guerrear. Esto lo entendemos bien. Lo que no podemos comprender es el centro de la mesa, el propio emperador. Liu Bang no puede decir que es de sangre noble y su conocimiento de la logística, de la guerra y de la diplomacia no iguala a la de sus grandes consejeros.

 

¿Por qué entonces es él el emperador?".

El maestro sonrió y pidió a sus discípulos que imaginaran la rueda de un carro de guerra. "Qué es lo que determina la fuerza de una rueda al llevar un carro hacia adelante?", preguntó. Tras un momento de reflexión, sus discípulos respondieron ¿No es la robustez de sus radios, maestro?". "Pero entonces, ¿cómo es -contestó él- que dos ruedas hechas de idénticos radios difieren en fortaleza?". Tras un momento de silencio, el maestro continuó "Ved más allá de lo que se ve.

 

No olvidéis nunca que una rueda está hecha no sólo de radios sino también del espacio entre ellos. Los radios fuertes mal situados debilitan la rueda. El hecho de que se consiga o no su pleno potencial depende de la armonía entre ellos. La esencia de la construcción de las ruedas radica en la aptitud del artesano para concebir y crear el espacio que contiene y equilibra los radios dentro de la rueda. Pensad ahora, ¿quién es el artesano aquí?".

El resplandor de la luz de la luna se veía detrás de la puerta. Reinó el silencio hasta que un discípulo dijo:

 

"Pero maestro cómo asegura un artesano la armonía entre los radios?".

 

"Piensa en la luz del sol -replicó el maestro-. El sol nutre y vitaliza los árboles y las flores, lo hace así entregando su luz. Pero al final, ¿en qué dirección crece toda la vegetación? Lo mismo ocurre con un artesano maestro como Liu Bang.

 

Después de colocar a los individuos en puestos en los que se aprovecha plenamente su capacidad, él asegura la armonía entre ellos reconociéndoles a todos sus logros innegables. Y al final, del mismo modo que los árboles y las flores crecen hacia el donante, el sol, los individuos crecen hacia Liu Bang con devoción".

  

 

PARÁBOLAS VARIAS



 

PARA LÍDERES

 

 




Tal como son
Jorge Bucay
Procedencia: Colaborador/a. El camino del Encuentro


Cuentan que una mujer entró en un restaurante y pidió como primer plato una sopa de espárragos. Unos minutos después el camarero le servia un humeante plato y se retiraba.
- ¡Mozo! -grito la mujer- venga para acá.
- ¿Señora?, contesto el camarero acercándose.
- ¡Pruebe la sopa!, ordenó la clienta.
- ¿Qué pasa Señora? ¿No es lo que usted quería?
- ¡Pruebe la sopa!, repitió la mujer.
- Pero ¿qué sucede..., le falta sal?
- ¡¡¡¡ ¡Pruebe la sopa!!!!
- ¿Está fría?
- ¡¡¡¡PRUEBE LA SOPA!!!! , repetía la mujer insistentemente.
- Pero señora, por favor dígame lo que pasa..., dijo el mozo.
- Si quiere saber lo que pasa, pruebe la sopa, dijo la mujer señalando el plato.
- El camarero, dándose cuenta de que nada haría cambiar de parecer a la testaruda mujer, se sentó frente al humeante liquido amarillento y le dijo con cierta sorpresa:
- Pero aquí no hay cuchara...
-¿Ve?, dijo la mujer, ¿ve?... falta la cuchara.

Sería bueno que nos acostumbráramos, en las pequeñas y en las grandes cosas, a poder nombrar hechos, situaciones y emociones directamente, sin rodeos, tal como son.





La alforja
Alfonso Francia
Procedencia: Colaborador/a "Educar con fábulas"

Un día Júpiter bajó a la tierra, convocó a todos los animales, incluido el hombre, y les dijo:
- Quiero que viváis en armonía y contentos. Así que, si alguien tiene alguna queja, que la diga sin temor y enseguida le pondré el remedio.
- Nadie expuso nada. Júpiter entonces se dirigió al mono
- ¿Qué? ¿Tú estás contento?
- Claro, -respondió el mono- tengo cuatro patitas que son un tesoro y tengo un tipo que todos me envidian. Yo no tengo motivos para envidiar a nadie... Comparado con el oso, tan feo, soy una maravilla. Él sí tendrá de qué quejarse.
Los otros animales pensaban como el mono y esperaban la queja del oso. No hubo tal queja. Al contrario, con tono de orgullo dijo:
- Yo me veo fuerte, bien proporcionado, con cierto aire señorial. Comparado con el elefante, que es un monstruo, una masa de carne que parece que se cae a trozos, soy un encanto. No me quejo de nada.
El elefante tomó la palabra y dijo:
- ¡Ah!, pues yo no me quejo absolutamente de nada, me siento fuerte, sólido, como un rey con mucho poder. Mucho peor es la ballena que parece una masa informe.
La ballena no se quejó; se veía mejor que la jirafa, larguirucha y desgarbada. La jirafa se sentía esbelta, fina, señorial, no como la hormiga, insignificante y rastrera. La hormiga se veía como una reina comparada con el mosquito. Y el mosquito se vio ágil, se defendía muy bien... Así todos hasta que llegó el hombre. Éste se entretuvo en contar todas sus cualidades y encantos. Luego siguió hablando sobre los defectos de los otros. Y se reía de ellos.
Júpiter, que había estado en silencio, se dirigió a todos de nuevo y les dijo: Bien, veo que cada uno lleva dos alforjas: en la de atrás metéis vuestras faltas y en la de delante las faltas de los otros.





Amar lo que somos
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a

Los animales del bosque se dieron cuenta un día de que ninguno de ellos era el animal perfecto: los pájaros volaban muy bien, pero no nadaban ni escarbaban; la liebre era una estupenda corredora, pero no podía volar ni sabía nadar... Y así todos los demás.
¿No habría una manera de establecer una academia para mejorar la raza animal? Dicho y hecho. En la primera clase de carrera, el conejo fue una maravilla, y todos le dieron sobresaliente; pero en la clase de vuelo subieron al conejo a la rama de un árbol y le dijeron: "¡Vuela, conejo!". El animal saltó y se estrelló contra el suelo, con tan mala suerte que se rompió dos patas y fracasó también en el examen final de carrera. El pájaro fue fantástico volando, pero le pidieron que excavara como el topo. Al hacerlo se lastimó las alas y el pico y, en adelante, tampoco pudo volar; con lo que ni aprobó la prueba de excavación ni llegó al aprobadillo en la de vuelo.
Convenzámonos: un pez debe ser pez, un estupendo pez, un magnífico pez, pero no tiene por qué ser pájaro. Un hombre inteligente debe sacarle punta a su inteligencia y no empeñarse en triunfar en deportes, en mecánica y en arte a la vez. Una mucha fea difícilmente llegará a ser bonita, pero puede ser simpática, buena y una mujer maravillosa... porque sólo cuando aprendamos a amar en serio lo que somos, seremos capaces de convertir lo que somos en una maravilla.

 


Amor entre pájaros
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a


El pájaro manso vivía en la jaula y el pájaro libre en el bosque.
Mas su destino era encontrarse, y había llegado la hora.
El pájaro libre cantaba: "Amor, volemos al bosque".
El pájaro preso decía bajito: "Ven tú aquí, vivamos los dos en la jaula".
Decía el pájaro libre: "Entre rejas no pueden abrirse las alas".
- Ay, decía el pájaro preso, ¿sabré yo posarme en el cielo?
El pájaro libre cantaba: "Amor mío, pía canciones del campo".
El pájaro preso decía: "Estate a mi lado, te enseñaré la canción de los sabios".
El pájaro libre cantaba: "No, no, nadie puede enseñar las canciones".
El pájaro preso decía: "Ay, yo no sé las canciones del campo".
Su amor es un anhelo infinito, mas no pueden volar ala con ala. Se miran y se miran a través de los hierros de la jaula, pero es en vano su deseo. Y aletean nostálgicos y cantan: "Acércate más, acércate más".
El pájaro libre grita: "¡No puedo! ¡No puedo! ¡Qué miedo me da tu jaula cerrada!"
El pájaro preso canta bajito: "¡Ay!, no puedo. ¡Mis alas se han muerto!"




Ante un elefante
Parábola hindú
Procedencia: Colaborador/a

Un príncipe oriental, para dar una lección a sus súbditos sobre la búsqueda de Dios, hizo reunir un día a muchos ciegos. Después ordenó que se les mostrase el más grande de sus elefantes sin decirles qué animal tenían delante. Cada ciego se acercó al elefante y le tocó en diversas partes de su cuerpo. Al final el príncipe preguntó qué había palpado cada uno.
El que había tocado las piernas dijo que un tronco arrugado de un árbol.
El que había tocado la trompa, una gruesa rama nudosa.
El que había tocado la cola, una serpiente desconocida.
Un muro, dijo el que había tocado el vientre.
Una pequeña colina, el que había tocado el lomo.
Como no se ponían de acuerdo entre ellos, comenzaron a discutir. El príncipe interrumpió la discusión:
- Esta pequeña muestra os hacer ver que de las grandes cosas conocemos muy poco, y de Dios casi nada.

 




El banquete del primer mundo
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a. Misión Abierta

Érase una vez un grupo de personas. Estaban invitados a un banquete en un castillo medieval. Era una fiesta espléndida. Los mejores manjares. Los vinos más costosos. No faltaba la orquesta. Los invitados tenían buen apetito. Y una vez saciados, en lugar de ir a casa, continuaban degustando alimentos.
Eran tan voraces que se acabó la comida. El dueño de la casa envió a sus criados, apoyados por los guardias de seguridad, a buscar más alimentos entre los pobres campesinos del entorno. También el gas empezó a escasear, y los cocineros ordenaron a algunos criados que cortaran madera de las columnas y del tejado para hacer fuego y continuar cocinando. Pasado un buen rato las columnas cedían y aparecían grietas en el techo. Pero los siervos y los comensales estaban tan absortos en lo suyo que no se daban cuenta de las consecuencias de sus acciones.

 


Azrael, el ángel de la muerte
Manuel Sánchez Monge
Procedencia: Colaborador/a “Parábolas como dardos”

Cuentan que en la ciudad de Bagdad, cierto día un joven charlaba en el jardín de su suntuoso palacio con dos ancianos mercaderes. Éstos se quejaban de su vida tan insegura, siempre viajando entre peligros y fatigas. El joven, en cambio, se sentía feliz, porque llegaríaa la vejez gozando de su palacio. De repente aparece Azrael, el ángel de la muerte, que mira con extrañeza al joven: desaparece después.
El joven, espantado, monta en su mejor caballo y huye; al cabo de unas horas de loca carrera, sufre, cerca de Damasco, una caída y en ella encuentra la muerte.
Pasado algún tiempo uno de los ancianos ve a Azrael y le pregunta por qué mostró aquella extrañeza ante el joven; el ángel de la muerte respondió: porque estaba feliz en Bagdad y yo debía llevármelo poco después en Damasco.


 


Buena noticia
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a “El canto del pájaro”

El Reino de los cielos es semejante a dos hermanos que vivían felices y contentos, hasta que recibieron la llamada de Dios para hacerse discípulos suyos.
El de más edad respondió con generosidad a la llamada, aunque tuvo que sentir cómo se desgarraba su corazón al separarse de su familia y de la muchacha a la que amaba y con la que soñaba casarse. Pero, al fin, se marchó a un país lejano, donde gastó su propia vida al servicio de los más pobres. Se desató en aquel país una persecución, a resultas de la cual fue detenido, falsamente acusado, torturado y condenado a muerte.
Y el Señor le dijo:
- "Muy bien, siervo fiel y cumplidor. Me has servido por el valor de mil talentos. Voy a recompensarte con mil millones de talentos. ¡Entra en el gozo de tu Señor!"
La generosidad del más joven fue menor. Decidió ignorar la llamada, seguir su camino y casarse con la muchacha a la que amaba. Disfrutó de un feliz matrimonio, le fueron bien los negocios y llegó a ser rico y próspero. De vez en cuando daba una limosna a algún mendigo o se mostraba bondadoso con su mujer y sus hijos. También de vez en cuando mandaba alguna pequeña suma de dinero a su hermano mayor que se encontraba en un remoto país, adjuntándole una nota que decía: "Tal vez con esto puedas ayudar mejor a aquellos pobres diablos".
Cuando le llegó la hora, el Señor le dijo:
- "Muy bien, siervo fiel y cumplidor. Me has servido con valor de diez talentos. Voy a recompensarte con mil millones de talentos. ¡Entra en el gozo de tu Señor!"
El hermano mayor se sorprendió al oír que su hermano iba a recibir la misma recompensa que él. Pero le agradó sobremanera. Y dijo:
- "Señor, aun sabiendo esto, si tuviera que nacer de nuevo y volver a vivir, haría por Ti exactamente lo mismo que he hecho".






Buscar a Dios donde se encuentra
Vidal Ayala
Procedencia: Colaborador/a “La voz del bosque”

El ermitaño, en oración oyó claramente la voz de Dios. Le invitaba a acudir a un encuentro especial con Él. La cita era para el atardecer del día siguiente, en la cima de una montaña lejana.
Temprano se puso de camino; necesitaba toda la jornada para llegar al monte y escalarlo. Ante todo, quería llegar puntual a la importante entrevista.
Atravesando un valle, se encontró a varios campesinos ocupados en intentar controlar y apagar un incendio declarado en el bosque cercano, que amenazaba las cosechas y hasta las propias casas de los habitantes. Reclamaron su ayuda porque todos los brazos eran pocos. Sintió la angustia de la situación y el no poder detenerse a ayudarles. No debía llegar tarde a la cita y, menos aún, faltar a ella. Así que hizo una oración para que el Señor les socorriera y apresuró el paso, ya que tenía que dar un rodeo a causa del fuego.
Tras ardua ascensión, llegó a la cima de la montaña, jadeante por la fatiga y la emoción. El sol comenzaba su ocaso; llegaba puntual, por lo que dio gracias al cielo en lo más profundo de su corazón.
Anhelante esperó, mirando en todas las direcciones. El Señor no aparecía por ninguna parte. Por fin descubrió, visible sobre una roca, algo escrito. Leyó: "Dispénsame, estoy ocupado ayudando a los que sofocan el incendio".
Entonces comprendió dónde debía encontrarse con Dios.




Cambiar la perspectiva
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a “Un minuto para el absurdo”


"Según cuál sea tu percepción, así será tu acción. Lo que hay que cambiar no es la acción, sino la perspectiva".
" ¿Y qué debo hacer para cambiarla?"
"Sencillamente, comprender que tu perspectiva actual es defectuosa".





Canto del pájaro
Anthony de Mello

Los discípulos tenían multitud de preguntas que hacer acerca de Dios. Les dijo el Maestro: "Dios es el Desconocido y el Incognoscible. Cualquier afirmación acerca de Él, cualquier respuesta a vuestras preguntas, no será más que una distorsión de la verdad".
Los discípulos quedaron perplejos: "Entonces, ¿por qué hablas sobre Él?"
"¿Y por qué canta el pájaro?", respondió el Maestro.
El pájaro no canta porque tenga una afirmación que hacer. Canta porque tiene un canto que expresar.




Caridad y gratitud
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a “La oración de la rana

Hace mucho tiempo ofreció Dios una fiesta a todas las virtudes, grandes y pequeñas, humildes y heroicas. Todas ellas se reunieron en una sala del cielo espléndidamente decorada, y no tardaron en disfrutar de la fiesta, porque todas se conocían entre sí, e incluso algunas de ellas mantenían estrechas relaciones.
De pronto, Dios reparó en dos hermosas virtudes que no parecían conocerse entre sí en absoluto y daba la sensación de encontrarse incómodas la una junto a la otra. De modo que tomó a una de ellas y se la presentó formalmente a la otra: "Te presento a Gratitud", dijo Dios. "Ésta es Caridad".
Pero, en cuanto Dios se dio la vuelta para atender a otros invitados, ellas se separaron. Así es como ha circulado la historia de que ni siquiera Dios puede hacer que haya Gratitud donde hay Caridad.




Himno de la alegría
P. Albiol
Procedencia: Colaborador/a

Si eres pecador, alégrate, porque hoy mismo puedes dejar de serlo.
Si eres justo, alégrate, porque Dios tiene sus complacencias en ti.
Si estás enfermo, alégrate, porque la enfermedad pasará, pero permanecerá su mérito.
Alégrate si hablan mal de ti con mentira, porque la verdad prevalecerá al fin y será mayor el gozo futuro que la confusión presente.
Alégrate si te desprecian, porque son mayoría los que no te ofenden.
Alégrate si te aman, porque no puedes aspirar a mayor bien.
Alégrate si eres pobre, porque puedes hacer eternamente feliz al rico.
Alégrate si eres rico, porque puedes hacer temporalmente feliz al pobre.
Alégrate si trabajas, porque el trabajo te dignifica.
Alégrate si descansas, porque así te dispones para el trabajo.
Alégrate si eres ignorante, porque pecarás menos.
Alégrate si eres sabio, porque merecerás más.
Alégrate si te traicionan, porque eres superior al traidor.
Alégrate si te ridiculizan, porque es mejor servir de regocijo que de pena.
Alégrate si eres tentado, porque la gracia no te falta para ayudarte a vencer.
Alégrate si vives, porque aún tienes tiempo de merecer.
Alégrate si mueres, porque ya no podrás ofender a Dios.





No cree en Dios
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a



Rascólnikov, el joven protagonista de "Crimen y castigo", tras varios días sin apenas comer ni dormir, entra en una taberna y pide un vaso de aguardiente y una empanada. Al salir, pasea por unos jardines de la ciudad. El calor del día de verano, junto al efecto del alcohol, hacen que sienta sueño. Se tumba en la hierba y queda profundamente dormido. Tiene entonces un sueño en el que recuerda como siendo niño acompañaba a su padre de la mano, y al pasar por una ruidosa calle observó una escena que se le quedó hondamente grabada.
Un hombre bebido, junto a otros compañeros, maltrataba a un pequeño caballo viejo y flaco que apenas podía mover el gran carromato al que estaba uncido, pues llevaba una carga desproporcionada para sus fuerzas. El hombre, de grueso cuello y rostro carnoso color zanahoria, invitaba a sus amigos a que se subieran al carromato, con lo que hacía aún más difícil moverlo. Mientras, insistía a gritos en que haría galopar a ese caballo, lo golpeaba una y otra vez, primero con un látigo, después con un palo y por último con una barra metálica. El pobre animal, que hacía angustiosos intentos para mover el carro, acabó lleno de heridas y totalmente rendido. Fue entonces, ante el espectáculo de tanta crueldad, cuando un anciano que contemplaba la escena comentó: "En verdad, este hombre no cree en Dios".




Naturaleza
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas y a la Naturaleza como a ti mismo.
2. No defenderás a la Naturaleza sólo de palabra, sino sobre todo a través de tus actos.
3. Guardarás las florestas vírgenes, pues tu vida depende de ellas.
4. Honrarás la flora, la fauna y todas las formas de vida.
5. No matarás ninguna clase de vida, por pequeña e indefensa que sea.
6. No pecarás contra la pureza del aire permitiendo que la industria contamine lo que los niños respiran.
7. No robarás de la tierra su capa de humus, condenando el suelo a la esterilidad.
8. No levantarás falso testimonio justificando tus crímenes con lucro y progreso.
9. No desearás que las fuentes y los ríos se envenenen, para tu provecho, con los vertidos industriales.
10. No codiciarás objetos ni adornos cuya fabricación destruya la Naturaleza.




Cuentos
León Felipe
Procedencia: Colaborador/a

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto: que la cuna del hombre
la mecen con cuentos, los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre
los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo sé muy pocas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.

Ahora estoy de regreso, he llegado hace poco,
Soy nuevo en la ciudad... Y esto quiero decir:
Me durmieron con un cuento...
y me he despertado con un sueño.
Es un sueño sin lazos, Sin espejos, sin anillos,
sin redes, sin trampas y sin miedo.





Acumular
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a .“La oración de la rana ”

Cuando el gorrión hace su nido en el bosque, no ocupa más que una rama.
Cuando el ciervo apaga su sed en el río, no bebe más que lo que le cabe en el estómago.
Nosotros acumulamos cosas porque tenemos el corazón vacío.





Amante y activista
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a “Un minuto para el absurdo”.


Un activista regresó al monasterio para averiguar de qué clase de luz tenía aún necesidad.
- La luz que todavía necesitas -le dijo el Maestro- es la que te permita conocer la diferencia entre un amante y un activista. El amante toma parte en una sinfonía.
- ¿Y el activista?
- El activista sólo oye el sonido de su propio tambor, dijo el Maestro.




Arrepentimiento
Anthony de Mello.
Procedencia: Colaborador/a "Un minuto para el absurdo".

- "¿Por qué no aconsejas nunca el arrepentimiento?", preguntó el predicador.
- "¡Pero si no enseño otra cosa...!", replicó el Maestro.
- "¡Pues yo nunca te he oído hablar del dolor por los pecados!"
- "El arrepentimiento no consiste en afligirse por el pasado. El pasado ha muerto y no merece un solo momento de aflicción. Arrepentirse es cambiar de mente; es ver la realidad de un modo radicalmente distinto".

 




El campo de minas
Carlos G. Vallés
Procedencia: Colaborador/a. Vida Nueva


Un ex combatiente del Vietnam era muy querido y apreciado entre sus vecinos, después de volver de la guerra y buscarse un oficio y una familia, por su consideración con todos y su prontitud en ayudar en cualquier momento. No parecía encajar tanta delicadeza con la imagen de un soldado de vuelta de la guerra, y ¡de menuda guerra! Pero él tenía su explicación, que sus amigos íntimos sabían.
Su misión en la guerra había sido limpiar campos de minas. Todo aquel terreno de bosques y maleza, de escaramuzas y emboscadas, estaba sembrado de minas traidoras que al menor contacto con una rama, un alambre, una piedra en el camino podían explotar y llevarse la vida de un hombre. Y el mayor peligro era para quienes se adelantaban a detectar, adivinar, desactivar la muerte disfrazada en el terreno.
Había que medir cada paso, calcular cada gesto, arriesgar cada tirón. Varios de sus compañeros de equipo habían muerto así, y él sabía que lo mismo le podía ocurrir a él en cualquier momento. Y eso le hizo sentir el valor de la vida. Cada paso valía una eternidad. La vida entera tenía que ser vivida entre el levantar un pie y volver a ponerlo sobre el terreno inseguro. Cada instante estaba lleno de vida porque el siguiente podía estar lleno de muerte. Todos los sentidos alerta a flor de piel, todo el corazón vivido en cada latido, toda mirada abierta a la pincelada de colores que descubre el paisaje, todo sonido analizado en el espectro que va de la mina a la muerte. Vida intensa en el campo de minas.
Ése era su secreto. Vivir al día, vivir el minuto, vivir al instante. Vivir el presente. La vida es un campo de minas.





Carta a los misioneros
Chicho Morales
Procedencia: Colaborador/a Vida Nueva


Hace unas semanas, el Ministerio de Asuntos Exteriores pidió a los misioneros españoles que abandonaran Burundi ante el peligro que corren sus vidas. En estos momentos hay ocho sacerdotes y seis religiosas compatriotas nuestros en este país de los Grandes Lagos.
"Queridos compañeros:
Si podéis... ¡quedaos all!. Lo entiendo desde su punto de vista. Creen que su deber es poner a salvo la vida de los españoles. La vida de los africanos no es su problema. No cae en su jurisdicción. Lo suyo es 'sacar a las monjitas de la selva' y a todos los españoles del polvorín de Ruanda y Burundi.
Pero vosotros estáis en la jurisdicción del amor. En otra onda. Lo vuestro es estar al lado de los que sufren, tratando de curarles con el bálsamo de la ternura y con la sal de la comprensión y el perdón que cicatriza todas las heridas.
Trato de comprender vuestros miedos, los odios ciegos que nada respetan, las sospechas injustas, los egoísmos sin límites y toda la mentira. Esa que tergiversa vuestras palabras y vuestras más puras intenciones. La verdad es que sois un estorbo para las desmesuradas ambiciones políticas de algunos. Más aún, creo y sé que vuestra huida o muerte está calculada para algunos egoístas como un triunfo para 'su causa'... Tú lo sabes también.
El miedo es humano. La prudencia también. Si las tensiones de una situación tan dura te hacen perder tu paz interior y que tus nervios estén a flote... no lo dudes... vuelve a tu patria a descansar. Nada debe perturbar tu ilusión de amar y de luchar.
Pero si puedes, si la paz está contigo, con el corazón en la mano, sigue sembrando estrellas de amor y de amistad. Seguro, la victoria está de tu lado. Y si te derriban, sólo habrán encendido una luz más que seguirá irradiando amor misionero".




La casa en llamas
Bertolt Brecht
Procedencia: Colaborador/a


No hace mucho tiempo vi una casa que ardía. Su techo era ya pasto de las llamas. Al acercarme, advertí que aún había gente en su interior. Fui a la puerta y les grité que el techo estaba ardiendo, incitándoles a que salieran rápidamente. Pero aquella gente no parecía tener prisa. Uno preguntó, mientras el fuego chamuscaba sus cejas, qué tiempo hacía fuera; si llovía, si hacía viento y otras cosas parecidas. Sin responder, volví a salir. Esta gente, pensé, va a arder antes de que termine con sus preguntas. Verdaderamente, amigos, a quien el suelo no le queme los pies hasta el extremo de desear gustosamente cambiar de sitio, nada tengo que decirle.


 



Cazar monos
Bruno Ferrero
Procedencia: Colaborador/a "El canto del grillo", p. 57


Los cazadores de monos han inventado un método genial e infalible para capturarlos. Una vez descubierto el lugar donde suelen juntarse, entierran en el suelo unas vasijas de cuello largo y estrecho. Recubren las vasijas con tierra, dejando sólo la embocadura a ras de la hierba. Luego meten en las vasijas unos puñados de arroz y otras bayas que les gustan mucho a los monos.
Cuando se retiran los cazadores, los monos vuelven. Como son curiosos por naturaleza, examinan las vasijas y cuando se dan cuenta de las golosinas que encierran, introducen sus manos y agarran un buen puñado de arroz y de bayas, cuanto más grande mejor. Pero el cuello de las vasijas es muy estrecho. La mano vacía penetra fácilmente, pero cuando está llena no puede salir.
En ese momento salen los cazadores y los capturan fácilmente, porque, aunque se resisten mucho, no se les ocurre abrir la mano y dejar lo que aprietan en el puño.





Compartir el mejor maíz
Anthony de Mello
Procedencia: Colaborador/a “La oración de la rana"

Un agricultor, cuyo maíz siempre había obtenido el primer premio en la Feria del estado, tenía la costumbre de compartir sus mejores semillas de maíz con todos los demás agricultores de los contornos.
Cuando le preguntaron por qué lo hacía, dijo: "En realidad, es por puro interés. El viento tiene la virtud de trasladar el polen de unos campos a otros. Por eso, si mis vecinos cultivaran un maíz de clase inferior, la polinización rebajaría la calidad de mi propio maíz. Ésta es la razón por la que me interesa enormemente que sólo planten el mejor maíz".
Todo lo que das a otros te lo estás dando a ti mismo.


 

 

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